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Semblanza
Francisco Verástegui exhibe en la Galería Arte de Oaxaca, su muestra de 16 óleos titulada Aedificium, una serie de retratos de obras arquitectónicas monumentales como el City Bank de Nueva York, el Museo Guggenheim de Bilbao o la resucitada Biblioteca Alejandrina en Egipto.
La carga ideológica que Verástegui impone a sus (en apariencia) inocuas reproducciones pictóricas de edificios monumentales tiene todos los visos de una llamada de atención: los símbolos del ego y del poder económico con su cauda de injusticias sociales y rencores incubados están esparcidos por todo el mundo.
La resolución formal de las imagenes es simple no asi su carga ideológica implícita, se engañaría quien asumiese estos cuadros como homenajes a la arquitectura capitalista que hoy se conmemora a sí misma con moles como las Torres Petronas de Kuala Lumpur o el John Hanckok Center de Chicago.
El trasfondo al ilustrar estos colosos de acero y cemento, es otro, ominoso, no solo por las referencias inevitables a recientes amenazas de terroristas, sino también al mucho menos publicitado terrorismo del capital que diariamente produce incontables víctimas y por las cuales casi nadie se indigna. Eso convierte a estos edificios soberbios en blancos posibles de iras globales de lo cual están muy conscientes sus propietarios asi como el excéntrico artista ideólogo que es Verástegui.
Jorge Pech Casanova
Poder y Arquitectura
Es claro que la exposición se mueve en una posición dual, por una parte, se homenajea a las formas casi escultóricas de los grandes edificios. Sin embargo, vemos también un quiebre crítico en los trabajos, crítica sutil pero contundente como en el caso del edificio que aloja las oficinas del consorcio financiero más poderoso del mundo, es decir, Citibank, y que aparece en el cuadro como una inmensa navaja de cuter, una navaja que sin duda esta degollando las finanzas de la economía mundial.
Esta colección de cuadros que han hecho de las salas de la galería una avenida flanqueada por inmensas construcciones, provoca una reflexión en torno a los vínculos entre poder y arquitectura monumental.
Es claro que Verástegui no hace una mímesis realista ni mucho menos de las construcciones que toma como modelo, sino que se apropia del objeto arquitectónico, lo sumerge en su colorido y en el desparpajo de su trazo un tanto expresionista.
Fernando Gálvez de Aguinaga
Sus obras, como corresponde a su tema y a su postura, agreden, conmueven. Son irreverentes y atrevidas. La aparente “malhechura” de algunas, que contrasta con la cuidadosa factura de otras, tiene su explicación en el eclecticismo estilístico que es fundamental en los tiempos de postvanguardias, pues Verástegui mantiene puntos de contacto con los expresionismos figurativos a la estadounidense –denominados bad paintings-, con los expresionismos en general, así como con los nacionalismos de aquí.
Pese a su afiliación anarquista, Verástegui propone. Lejos de llamar a destruir, casi arenga a la lucha de liberación.
Carlos Blas Galindo
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