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Daniele Crepaldi
AriesSin título
Ballena bebéSin títuloPuente Huichol
Pez-mariposaTiburondoxLa barca de los enamorados
Deer womanCollieQuemado de noche
Kronomat IColmillo de marEl curandero
 

Semblanza

Descubridor permanente de sus posibilidades expresivas, Daniele Crepaldi experimenta cotidianamente con los colores, las texturas y las formas, para darle existencia a los seres que habitan su memoria milenaria -bitácora de un viaje que ha durado varias vidas-, dotándolos de un tiempo y un espacio definidos, que les permite narrar su propia historia. La obra de Crepaldi es el resultado de un trabajo hecho con emoción y paciencia: a fuerza de mezclar, pulir, tallar y acariciar, descubre rostros y voces que pacientes aguardan en barro, madera, chapopote o arena, y construye con ellos discursos visuales de enorme belleza. Con la modestia de quien ama a sus hijos por serlo y no por sus cualidades, asume la paternidad de una prole nacida de actos de amor y disfrute, donde la experiencia lúdica, onírica y erótica se traduce en vida, prolongación de la propia. En este sentido, como todos los hijos deseados, las creaciones de Daniele Crepaldi son esencialmente plenas, fundamentalmente gozosas y necesariamente libres. Poseedoreas de existencia autónoma, cada una de sus piezas es un vívido transmisor de sensaciones: respiran, sudan, observan, gozan, aguardan, cantan, a veces gimen y casi nunca lloran.
Son diversos los materiales que usa el artista para edificar la casa donde habitarán los sueños, los miedos, los deseos, representados en primitivas -a veces híbridas- formas animales. Toros, cuervos, perros, caballos, lobos, conforman la mitología crepaldiana, cuya nitidez y contundencia nos remite al cuestionamiento del hombre frente a su esencia, el cual es resuelto por Crepaldi en un sencillo concepto: materia.
Materia ubicada en el tiempo; tiempo que transforma y que preserva; tiempo detenido pero no inmóvil; materia atemporal. La unidad del universo entendida a través de la similitud primaria: todo es materia que transita en el tiempo. Así, sus imágenes míticas, supraterrenales, inframundanas, prehistóricas o sagradas, resultan familiares, cercanas, inevitablemente actuales. Texturas ocres y herrumbrosas, reminiscencia de humedades, pátinas y decoloraciones, muestran el paso de un tiempo muy antiguo que, sin embargo, sigue aquí. Esta es la metáfora de Crepaldi; el secreto que nos comparte en cada cuadro; el juego que nos invita a descubrir qué pieza somos dentro de él. La magia y el rito también rodean la obra de este artista, cuyo quehacer es difícilmente encasillable: es un pintor que no pinta, sino que recubre las planicies con materiales que al unirse descubren uno con otro sus tonalidades ocultas.
El hecho creativo lo consuma con la mística de un brujo invocando a las fuerzas del universo y, finalmente, cada pieza obtiene el toque de divinidad que la signa y le permite llegar hasta la gente y el lugar que le corresponde. Este es Daniele Crepaldi, esta es su obra.

Penélope Esparza