Rodolfo Morales: Maestro de los sueños
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Semblanza
“UN PEDACITO DEL DÍA”
La tarde estaba cayendo, el azul añil de Oaxaca marca este instante con gran descaro en el patio de la Galería, que tiene vida propia se va vistiendo con sombras y contrastes que hablan un lenguaje misterioso, bello y lleno de paz y espera; espera de algo más.
En este ambiente de lenguaje único, personal rompe el silencio la campanita de la entrada avisando su llegada.
Una silueta se vislumbra a la entrada, silueta ya conocida, esperada. Con un paso lento y decidido, con una mano en el bolsillo, cabello despeinado, pantalones arrugados que caen sobre las botas se va perfilando ante mis ojos. Es él, es Rodolfo que como un novio puntual llega a la cita cotidiana.
Atraviesa el patio, su patio y observa todo como si fuera la primera vez. El es así. Era así.
Sus ojos cerrados por las arrugas de alrededor apenas se abren, y él ve. Ve la cruz de piedra de cantera verde, los dos Ángeles en sus nichos a cada lado de esta cruz especial como la llamaba él.
Alza la cabeza, despacio dando esa sensación de no tener nunca prisa; y vuelve a mirar el encaje de madera que cubre las dos ventanas interiores de su patio, la herrería forzada alrededor del barandal.
Todo detalle para él es, era un mundo lleno de recuerdos, lleno de días, horas, instantes de trabajo, de creación. De esa creación salida de las manos de sus artesanos de Ocotlán, su pueblo natal y dirigidas por él.
El atravesar el patio cada tarde va marcando para Morales y para quien lo ve, un mundo de sueños, fantasías y realidades. Sus pasos son lentos, se balancea. Su mirada atenta, creadora, pensativa.
La tarde azul cae dentro de este mirarlo y sin querer puedo ver un cuadro de los tantos que he visto de él. Aparecen ante mis ojos colores maravillosos, mágicos y reales que él plasma desde hace mucho tiempo en su taller.
Rodolfo, te veo llegar frente a mí, escucho tu voz. No, no es tu voz, es un susurro, apenas perceptible, apenas se abren tus labios…..por fin logro escucharte; que bella voz es, cuanta música hay. Y eres silencioso y eres parlanchín cuando estás frente de mí.
Esta cita cotidiana se convierte en un rito, en un encuentro que abre un mundo frente a mí. Cuántas cosas me dijiste sobre ti, historias, anécdotas; revivías hablando así. Tus ojos no se abrían, seguían cerrados aún, pero expresaban una travesura de niño escondido por ahí. Te transformabas en niño travieso, en niño viejo, joven; niño en fin.
Cuanto aprendí y aprehendí de ti.
Cuantos personajes bailaban, gritaban, reían, amaban, pintaban, odiaban frente a mí con solo escuchar el sonido de tu voz.
Una historia, una vida, un ser humano estaba frente cada tarde.
Un artista que soñaba y al despertar todo lo plasmaba en la tela o el papel.
Cuanto dolor tenían tus ojos Rodolfo cuando hablabas de tu pueblo, de todo lo que dabas, de todo lo que faltaba dar, de toda la incomprensión vivida en el. Me queda ahora, en este tu quinto año de que te fuiste una de tantas preguntas, tú soñabas pero no sé si te despertabas. Yo creo, no lo sé que siempre preferías el mundo de los sueños, te era menos hostil.
Hoy Rodolfo sueñas y ves todo lo que hiciste, tus cuadros, tus murales, tus collages; recorres tus iglesias y te vuelves a dormir.
Dora Luz Martínez Vasconcelos
Oaxaca,Oax, jueves 19 de marzo de 2006
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