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Gabriela Campos
Sin TituloArbol II
Vida IArbol IPermanencia del viento
Árbol nocturno IÁrbol nocturno IIÁrbol de la mano
La mano del árbolEl teatro de la nocheTe miro desde mi ventana
Las raíces del aguaLa mano que floreceCódigos
Raíces hermanasAcuáticasEnredadera del tiempo
Mujer montañaTuleÁrbol I
Árbol IIVida IVida II
Vida IIIEva en el paraísoVelando tu sueño
NacimientoÁrbol de la conscienciaFlores del mar
Estado de sueñoEl ojo del que veJardín de ruptura
Camino a la playaPasaje a la eternidadVoces del paraíso
Ritmos del tiempoPensamientosTransiciones
AsechosPenumbraEl otoño
AmaneciendoEl verdor del tiempoCinco tardes
Sin títuloVeranos
 

Semblanza

Sinaloense por nacimiento, oaxaqueña por adopción, Gabriela vio la luz por vez primera en la ciudad de Los Mochis en 1970, se dedica a la pintura profesionalmente desde hace trece años. Ha realizado estudios con diversos maestros en México y en el extranjero.

Su joven carrera profesional ha transitado por diferentes etapas significativas, siendo la mas reciente, en la que ha vivido y pintado en la comunidad artística de Oaxaca – desde hace diez años – en donde ha encontrado un verdadero sentido de ella como ser humano y como artista, sentido que Gabriela plasma en su obra reciente, en donde nos muestra su sensibilidad, sus capacidades y su talento, lo cual nos permite augurarle un futuro promisorio.

Durante los dos últimos años, el tema elegido por Gabriela ha sido el árbol, símbolo milenario de nacimiento, vida y muerte, en sus acuarelas, monotipos, grabados y pinturas al temple, el árbol ha sido el tema central de su composición, imágenes que nos muestran una interpretación alquimista de la condición humana. Como una reportera que investiga y revela la esencia de los sucesos, Gabriela crea imágenes que dan testimonio de sus emociones y sus pasiones, de sus temores y sus aspiraciones y de sus éxitos y sus fracasos.

Sus composiciones arbóreas, de suntuosas formas y contornos, retratan esos estados por los que todos pasamos, el sentido íntimo en el que nosotros mismos damos forma a nuestros sentimientos, largas y retorcidas raíces que buscan nutrientes para el alma, ramas que se extienden o se enrollan en sí mismas y hojas que se abren al sol o que se voltean antes de la inminente tormenta.

“Un árbol es como un ser humano” ella reflexiona, “el cual se desarrolla a través de diferentes etapas, en cualquier momento aquel árbol – un espejo de nosotros mismos – puede ser como un instante de tiempo que nos devela el mundo en el que vivimos. Pero lo más importante que en este momento transmito a través de mis obras, es que no debemos tener miedo de mirar dentro de nosotros mismos cuando estamos deprimidos, que debemos darnos cuenta de nuestro engreimiento cuando estamos demasiado orgullosos y que, durante todos esos momentos de nuestra vida, debemos aceptar nuestra situación y avanzar con la convicción de que todos y cada uno de nosotros, podemos estirarnos y alcanzar el sol y las estrellas”

Víctor González Sánchez
Director